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28.04.2009

Cooperación Sur-Sur: otra perspectiva del desarrollo

La complejidad de las relaciones y de los problemas sociales en el mundo exige estrategias que posibiliten la construcción de alternativas eficientes para el desarrollo humano -personal y colectivo- basado en los principios de la dignidad, igualdad, libertad, respeto, solidaridad y paz. Dando una pequeña ojeada al panorama sobre la localización de graves problemas sociales, tales como la pobreza, el hambre, la violencia, la falta de salubridad y vivienda, bajo nivel de escolarización, acceso a la sanidad y empleo, se puede constatar que los países del Hemisferio Sur son los más afectados. No es coincidencia, es el resultado de la historia de las relaciones humanas que, durante siglos, se manifestó en exploraciones y concurrencias, subyugando a las personas desfavorecidas materialmente o en distintos estados de desarrollo.

El 26 de junio de 1945, en el preámbulo de la Carta de Naciones Unidas, los países signatarios reconocían que “la libertad, la justicia y la paz en el mundo se fundamentan en el reconocimiento de la dignidad inherente a los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana”. Pero además, se precisó de mucho dolor y sufrimiento para que la humanidad comenzase a pensar en reaccionar en el ámbito de la cooperación global. En las décadas siguientes, esa estrategia tuvo como objetivo promover mejoras en el nivel de vida de la población, con base en las transacciones comerciales- lo que no siempre favorecía (ni favorece) el desarrollo humano y social.

Al hablar de “globalización” (desde el punto de vista metodológico) y “cooperación global”, se empezaron a importar y a expandir modelos de desarrollo, como el europeo o el estadounidense, reconocidos por crear el estado de bienestar en buena parte de los países de Europa y en Estados Unidos. La Cooperación Sur-Sur, creada sobre la óptica de las entidades financieras y las aquí mencionadas desenvolventistas van al encuentro de la razón metonímica (BOAVENTURA:2006), cuya totalidad es la orden, la homogeneidad entre el todo y la parte no existe fuera de la relación de totalidad.

Una única lógica gobierna tanto el comportamiento del todo como el de cada una de las partes. Las iniciativas que importaron o aceptaron los modelos existentes dieron soluciones parciales a los problemas del momento, pero provocaron otros, ya que no se respetaron ni se comprendieron las diferencias culturales e históricas.

Más adelante, en 1978, en un contexto de continua reducción de la cooperación tradicional Norte-Sur, las Naciones Unidas elaboraron el “Plano de Acción de Buenos Aires” - un marco de la cooperación técnica entre los países en vías de desarrollo. La mirada de los países del sur se vuelve para ellos mismos. Brasil, por ejemplo, a través de la Agencia Brasileña de Cooperación pasa a cooperar más con los países de América Latina. Su objetivo es coordinar, negociar, aprobar, acompañar y evaluar la cooperación al desarrollo, en todas las áreas del conocimiento recibida de otros países y organismos internacionales.

Se necesita mucho más que eso. Es vital la unión de los pueblos del Sur y el surgimiento, dispersión y conocimiento de iniciativas propias para la superación de un conjunto de desafíos a su desarrollo. Pero esa relación debe ir más allá de los intereses económicos. Ella debe considerar las culturas de los distintos pueblos y reconocer que las sociedades de todos los países, aún siendo parecidas, son distintas. Lenguas, comidas, costumbres, ritmos de vida, creencias relaciones personales y sociales entre varios otros aspectos concurren para la construcción de un desarrollo propio.

Desde esta perspectiva, la cooperación sur-sur, tal y como ha sido llamada, debe ser comprendida como una importante llave en la lucha por el derecho al desarrollo, dada la proximidad cultural y la coincidencia en los problemas sociales. Más que una estrategia, es una necesidad en términos políticos, sociales, económicos y culturales. Basada en una relación de reconocimiento y respeto, la cooperación Sur-Sur posibilita el planeamiento y la ejecución de acciones más creativas y eficaces para el combate ante los problemas locales, visando al alcance de estados de desarrollo capaces de reconocer a las personas como seres dignos, libres e iguales en distintos aspectos y procesos que marcan la desigualdad cultural y la igualdad en el acceso al ejercicio de derechos humanos.

La cooperación Sur-Sur también es una estrategia importante para el trabajo de las organizaciones no-gubernamentales, movimientos sociales, foros, plataformas entre otras entidades creadas para responder a las crisis humanitarias, luchar por los procesos de desarrollo justo y sostenible y defender los Derechos Humanos. La articulación internacional entre las entidades mencionadas, aliada a otras estrategias y competencias personales y profesionales, amplía las voces de reivindicación por garantía y efectividad de derecho, facilita la búsqueda de recursos y realización de proyectos y acciones, promueve la integración cultural, posiblita la diseminación de estudios, facilita la interlocución con instituciones gubernamentales locales o mundiales con enfoque en la denuncia o propuesta de nuevas políticas.

A partir del momento en que tales organizaciones crean una relación de cooperación con vistas al desarrollo justo y sostenido, reconocen la existencia de diversas experiencias y se hace presente no por la imposición o retórica, sino por la argumentación. Dan visibilidad al hecho de que las totalidades están hechas de heterogeneidad y que cada parte tiene vida propia. Desde esa perspectiva, la actuación de estas entidades implican la profundización de la comprensión de las relaciones de poder, la de la radicalización de las luchas que aún dejan en evidencia el principio de imcompletude , que es la llave para el diálogo, reconocimiento y construcción de conocimientos.

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