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31.10.2008
Educar para transformar
Nadie libera a nadie, nadie se libera solo, los seres humanos se liberan en comunión. (Paulo Freire)
Cuando pensamos en la construcción de otro mundo, en la transformación del orden actual en el orden más justo, basado en principios de solidaridad y respeto a las diversidades, sabemos que la educación es el principal camino, es la única forma por la cual podremos realizar transformaciones verdaderas y completas. Es por medio de la educación que nos (re)formamos, cambiando el mundo a partir de nuestro cambio. En ese sentido, tenemos una grande y constante lucha por una educación de calidad, apoyada en valores democráticos y no-mercadológicos.
Sin embargo, los procesos formales de educación no son suficientes para una formación ciudadana y cultural completa. Las propuestas de educación no-formal utilizan lenguajes y formas de expresión distintas, más flexibles, que se adaptan a las diversas necesidades de las personas y complementan la educación formal. Actividades que involucran arte, deporte y otros medios alternativos de aprendizaje forman parte de las experiencias en el contexto no-formal que buscan estimular la creatividad, la creación y producción de nuevas formas de conocimiento, que contribuyen para la formación y expresión de identidades, de culturas. Los procesos de educación no-formal desarrollan más interés y entusiasmo por el aprendizaje, por nuevas descubiertas.
Poner en foco el campo de la educación no-formal contribuye sobremanera para estimular el desarrollo de la participación colectiva, creada a partir de procesos dinámicos, para que sea cada vez más transformadora, una innovación con plataformas sólidas, a partir de los sujetos que participan, con bases en su cultura, en un proceso de educación que genera producción social inclusiva, que resulta.
El rol de los movimientos y organizaciones, especialmente para los y las jóvenes, es de extrema relevancia como parte de la educación no-formal. En eses espacios de participación ellos y ellas tienen la oportunidad de desarrollar habilidades de trabajo en equipo y respeto a las diversidades, de formación ciudadana y con liderazgo; son espacios que propician una vivencia que, paso a paso, bases sólidas.
La educación no-formal tiene el beneficio de adaptarse a las particularidades de cada grupo, de cada región, dando una libertad esencial para la formación individual y también colectiva, favoreciendo la diversidad y riqueza de los grupos.
El concepto de educación no-formal está en construcción y tiene diversas facetas, exactamente por su no-restricción, por las muchas formas de representación y presentación. Sin embargo está presente en documentos internacionales de las Naciones Unidas, UNESCO, OIT e UE, lo que refuerza el reconocimiento de su importancia para el desarrollo. Como un instrumento indispensable, debemos tener en cuenta su utilización como medio de transformación.
Por lo tanto, debemos no solamente promover actividades de educación no-formal, colaborando directamente en ese proceso de formación, pero también luchar por el reconocimiento formal a ese trabajo y a sus ventajas, su imprescindible contribución a la educación formal.
Claro que en nuestra lucha, no podemos olvidar la educación formal que en nuestra región es particularmente precaria, mayormente establecida en valores opresores. Además del conocimiento técnico y académico, la educación debe contemplar un pensamiento humano, social, crítico, contextualizado a la realidad. Por eso es necesario entender el proceso de educación como un proceso más allá, algo que liberta. La educación no es un proceso unilateral, no es transmisión de informaciones, pero una integración entre los conocimientos.
En nuestro continente la liberación, en el sentido que nos brindó Paulo Freire, es especialmente necesaria. América Latina necesita reconocerse en su unidad, como pueblo, con su historia y cultura. Necesitamos de procesos educacionales que nos hagan percibirnos, que nos hagan pensar sobre nosotros/as mismos/as, nuestros problemas y formas de enfrentamiento.
